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¿Cómo conseguí publicar mi primer álbum ilustrado?

1 | LO PROMETIDO ES DEUDA

Si te suscribes a mi lista de contactos tienes, entre otras cosas, la posibilidad de hacer peticiones en cuanto a los contenidos de los que hablaré en próximos posts. Es un formulario en el que, además, yo te propongo algunos temas sobre cosas que a mi me hubiera gustado saber cuando empecé a dedicarme a la ilustración. De entre las opciones que planteé habéis seleccionado varias, pero hay una que, sin duda, sale ganando:

¿Cómo conseguiste que quisieran publicarte La superchef sin ser conocida en el mercado editorial y no haber publicado nada antes?

En este post quiero contaros los pasos que di hasta llegar ahí; qué cosas ayudaron a que eso pasara; y cómo lo viví desde el punto vista tanto psicológico como profesional. Vayamos por partes:

La superchef es y, seguramente, será el proyecto que con más cariño recuerde siempre. En este álbum ilustrado, publicado a nivel nacional por Grupo Editorial Bruño, se cuenta la historia de Gala, una niña superheroina que quiere convertirse en chef. Al principio, sus superpoderes se cuelan en sus recetas sin avisar haciendo que estas vuelen, cambien de color, e incluso hablen; y, lo peor de todo, son incomibles. Finalmente, logra conseguir su sueño convirtiéndose en una superchef de primera; todo gracias a su papá,  a El libro de las Superrecetas y a su constancia; a pesar de equivocarse mucho las primeras veces.


La superchef

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Escribí e ilustré este cuento cuando trabajaba como diseñadora gráfica en una agencia de publicidad. Lo hacía al llegar a casa y mi intención no era otra que la de cumplir una promesa que me había hecho a mi misma (más abajo os hablaré de ella).

2 | SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Hasta la fecha, a pesar de que dibujar siempre había sido mi actividad favorita desde que era niña y de que, incluso, hacía trabajos de ilustración en las agencias donde trabajaba , me costaba decir que era ilustradora; si lo decía era con la boca pequeña. Nunca consideraba mi trabajo lo suficientemente bueno. Hace relativamente poco tiempo descubrí que a eso se le llama síndrome del impostor. Por lo visto, sufrirlo es muy común, y, afortunadamente, reconocerlo y superarlo es posible.

3 | CAMBIO DE CHIP

2017 fue “El Año”. Por un lado, mi primera sobrina preciosa estaba apunto de nacer: su nombre iba a ser y fue Gala, como la protagonista del cuento; bueno, más bien es al revés, la del cuento se llamó como se iba a llamar mi sobrina. Se puede decir que nacieron prácticamente a la vez.

Por otro lado, la edad y la experiencia, dos conceptos íntimamente relacionados, me ayudaron a ponerme, metafóricamente hablando, en frente de mi misma para reconocerme, analizar mi situación y, lo más importante, para escucharme.

En un principio, yo era, más o menos, feliz trabajando mis 8 horas diarias como diseñadora gráfica, después de todo, me dedicaba a algo que estaba relacionado con lo que había estudiado (Bellas Artes). Pero faltaba algo, de hecho, era un algo muy concreto: quería tener más tiempo para dibujar. Había dibujado muchísimo a lo largo de mi vida, pero ahora no tenía tiempo y me estaba dando cuenta. De repente, me agobió la idea de tener que aceptar que sería diseñadora eternamente y resignarme a que dibujar, dibujaría, más bien, poquito.

Llevaba 4 años como diseñadora, pero 5 años admirando, investigando y estudiando todo lo relacionado con la profesión del ilustrador. Es más, entre mis grandes pasiones está la de coleccionar álbumes ilustrados. Para que se entienda bien lo explicaré de la siguiente manera: nunca he vivido en mis carnes eso que llaman el fenómeno fan, ni siquiera cuando era adolescente. Me pones un famoso al lado, sea el que sea, y a mi ¡plim!, pero si veo un álbum ilustrado que me gusta y me emociona… yo fan absoluta e intensa.

Ilustrar un cuento infantil era mi gran sueño y de repente, a mis 30 años,  sentía que estaba fallándome; y eso me ponía taaaaan triste….

En cuestión de dos meses pasé de “¿Qué suerte tengo, no?: trabajo en algo relacionado con lo que me gusta” a “No puedo estar más harta de conformarme con que ‘solo’ esté relacionado. Quiero dibujar. Quiero mi cuento”

Como siempre, mi síndrome del impostor (S.I) estaba ahí para asustarme, pero mis 30 tacos (30a.) y mi experiencia hicieron su brillante aparición. Si lo que pasaba en ese momento por mi mente tuviera que representarlo como una conversación entre varias personas, sería algo así:

S.I. – Alicia, mira que no eres muy buena dibujando…
30a. – Bueno, eso porque tú lo digas. Acuérdate de aquellas veces que mis dibujos han tenido éxito, y no me refiero a mis padres ni a mis hermanos orgullosos perdidos, que también. Todo el mundo tiene su público.
S.I. – Pero a ver, céntrate. Nunca antes has hecho un álbum ilustrado. No sabes hacerlo.
30a. – Bueno, también hay muchas cosas que hoy sé hacer y que, no hace mucho, daba un poco de pena verme. Todo es ponerse y aprender.
S.I. – ¿Aprender  a estas alturas? Ya eres muy mayor, deberías haber empezado antes.
30a. – ¿En serio? Dile eso mismo a 80a.
80a. – Ni se te ocurra que te reviento.
S.I. – Pero si es que nadie te conoce ni saben si trabajas bien.
30a. – Y seguirán sin conocerme si no hago nada por cambiarlo. No sería ni la primera ni la última en hacer algo así. ¿Por qué iba a ser yo la que no se atreva? y no me valen las excusas anteriores.
80a. – ¡Óle la juventud! Esa es mi 30a. Caso resuelto. ¡Se levanta la sesión!

4 | LA PROMESA DE NO RENDIRME

Una vez mi cabeza estaba un poquito más ordenada y tenía más respeto a la hora de hablarme a mi misma, me hice una promesa: ilustraría un cuento de principio a fin. Trazaría un plan y, sin prisa pero sin pausa, me haría el regalo de demostrarme que soy capaz. ¡Ah! Y los días malos me los tomaría como tal, como días malos.

Era un proyecto de mi para mi. Lo de enviarlo a editoriales ya se vería.

Como no quería quedarme sin vida social eternamente, ni que mi nueva meta se convirtiera en una carga, establecí unas fechas de entrega. Sería un poco flexible ante según que contratiempos, pero no más que con los trabajos de la agencia. Esto era una cosa seria.

5 | “SOLA” ANTE EL WORD EN BLANCO.

Necesitaba una historia que contar. Contacté con profesoras que conocía para que fuera un proyecto en equipo, después de todo, yo no era escritora y tampoco tenía mucha experiencia en el trato con niños. Me parecía mejor idea que el cuento lo escribiera un maestro. Pero el texto no llegaba nunca.

Tengamos en cuenta que yo tenía unas fechas casi inamovibles y mucha cabezonería encima; que estas personas trabajaban y tenían sus vidas, es más, era septiembre por aquel entonces (la vuelta al cole). Fue entonces cuando tomé una de las mejores decisiones de mi vida:

¡Pues yo lo escribo! Si sale una m**** no se lo enseño a nadie y ya está.

Realmente, lo pasé genial escribiéndolo. Esta era yo y estos fueron los inicios del proceso de realización del texto:

¡Quiero que haya magia! Dibujar cosas volando y que cambien de color sin sentido.
¿Y si la protagonista es una maga? Porque va a ser mujer, una mujer que se ha propuesto algo a si misma.
¡Oh! No, no, no. Mejor, ¡una superheroina! ¡Están muy de moda! Como Ladybug.
¿Y si son las chuches lo que cambia de color? ¡Claro! ¡Ella sabe hacer chuches mágicas!
¡No, no, no! Las chuches cucan los dientes, y eso no está de moda. Lo que está de moda y hay que promover más es la comida sana, la #healthylife y la #comidasaludable.
¿Chica superhéroe + movimiento #realfooding? ¡Ya lo tengo! ¡Ella quiere ser chef! ¡Una chef con superpoderes!

Todo lo demás vino solo….

Creo que todos tenemos una historia que contar: experiencias con las que otras personas se pueden sentir identificadas, vivencias que, sin darnos cuenta, nos están dando pistas e ingredientes para crear nuestro propio cuento.Y sino lo creéis, os dejo aquí unos cuantos datos que os sonarán de algo:

  • Mi hermano pequeño tuvo de niño un juego de magia que le encantó cuando se lo regalaron. Es un recuerdo que no se me borra. Y bueno, a mi también me gustaba la magia. Alucinaba con las cosas que pasaban en Mary Poppins. Hay una escena en la que Mary les da jarabe a los niños; cada cucharada que salía del bote tenía un color diferente. Me encantaba, aunque siempre pensaba que eso tenía que estar malísimo.
  • Para los Reyes Magos del año anterior a la publicación de La Superchef, la prima pequeña de mi pareja pidió la muñeca de Ladybug. Apenas tuve que investigar un poco para enterarme de que eran unos dibujos que tenían mucho éxito entre los niños. Tratan sobre una superheroína con disfraz de mariquita.
  • Mi hermano mayor es endocrino (planetadieta.com) y trabaja mucho con nutricionistas. En casa estamos hiperconcienciados con todo este tema de la alimentación sana; de hecho, mi madre tiene una cuenta de instagram de recetas saludables.
  • Y después estoy yo que, como muchas personas, tenía un sueño que quería cumplir, aunque a veces me sentía incapaz.

6 | VIDAS PARALELAS

Puede decirse que cuando escribía La Superchef, estaba contando la vida de muchas personas, entre ellas, la mía, que es la que mejor conozco:

1. Ella quería ser chef, yo ilustradora.

2. La Superchef, que se sepa, contaba con la ayuda de su papá. En mi caso, mis padres, mis hermanos y mi pareja siempre me han apoyado muchísimo. También coincidía que en la agencia en la que trabajaba conocí a 4 mujeres maravillosas, 4 compañeras/amigas de las que aprendí mucho y que fueron un verdadero chute de motivación para mi. Es importante buscar y encontrar ese apoyo, ya sea tu familia, compañeros de trabajo, amigos y/o personas con los que compartes los mismos intereses.

3. Gala exprime al máximo todo lo que El Libro de las Superrecetas le pueda enseñar. Yo, aunque no tenía suficiente dinero ni tiempo para meterme en un master de ilustración, busqué y encontré muy buen contenido y muy buenos cursos para formarme; tanto online como presenciales con ilustradores que admiro y que publican sus cursos en las redes (“¡Ella se ha hecho cursos!” que diría la gran Paquita Salas).

Os aseguro que hoy día hay material de formación muy bueno en internet, así como opciones para todos los bolsillos. Solo hay que buscar bien; convertirte en un buen freaky de la ilustración y, sobre todo, ser muy observador y practicar mucho.

4. Gala no se rinde fácilmente. Fracasar no es malo, sí lo es no saber aprender de ello.

Durante el proceso de creación de La Superchef muchas cosas eran nuevas para mi, y algunos días parecía que no arrancaba la máquina. Hacía tiempo que no dibujaba tanto pero, afortunadamente, estaba empeñada en ser compresiva conmigo misma.

Un día, al tiempo de acabar el proyecto, volví a revisar los miles de bocetos que hice antes de dar con los resultados finales, y una cosa estaba clara: los dibujos feos fueron igual de importantes que los dibujos buenos. Los últimos no hubieran existido si no hubiera aprendido de los primeros.

7 | EMPEZAR A ILUSTRAR TU PRIMER CUENTO INFANTIL. INHALA…EXHALA…

Una vez tenía la historia, tenía que dibujarla. Es cierto que tenía varios bocetos rápidos que realicé mientras escribía el cuento, pero ¿os acordáis de lo que he dicho antes sobre tomarme los días malos como tal? A esto me refería:

Dibujé unas 300 versiones muy fallidas del personaje principal. Vale, no te voy exagerar, serían unas 40. ¡CUARENTA SUPERCHEFS DIFERENTES, CADA UNA MÁS FEA QUE LA ANTERIOR! No se podía reutilizar nada de ellas. Había veces que sentía una desesperación extremadamente agobiante. Parecía que no avanzaba. Pero, ¡eeeeh!, be water my friend!, calm down, después de todo, hacía muchísimo tiempo que no me había parado a dibujar algo que me gustara a mi por encima de todas las cosas. Que me gustara a mi y que supiera que iba a gustarle al público infantil (me incluyo aquí también), no a los adultos y/o consumidores de los trabajos de publicidad que hacía en la agencia. No, esta vez no iba dirigido a ellos.

8 | DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VINO LA CALMA Y LA DIVERSIÓN CON MAYÚSCULAS.

¿Y el storyboard? Jamás había hecho uno, pero sabía que era necesario para que todo aquello tuviera coherencia. He de decir que, sorprendentemente, fue y es mi parte favorita.

No tengáis nada de miedo a esta fase si no lo habéis hecho antes, simplemente lanzaos y permitíos ir un poco perdidos al principio en caso de que así os suceda. Buscad información online si hace falta; como decía antes, la hay y muy buena. Guiaos también por la intuición. Si al principio no lo tenéis muy claro, coged un álbum ilustrado y contad las páginas que tiene. Adaptaos a sus características de tamaño y paginación si es necesario. Investigad y buscad a quién preguntar lo que no sepáis.

En mi caso, el tema de maquetación lo tenía controlado porque trabajaba en lo que trabajaba, pero, evidentemente, no siempre fue así. Para todo hay una primera vez.

Acabar el resto del cuento no fue tan difícil como lo fue ese primer paso de creación del personaje; y, afortunadamente para mi salud, no he vuelto a vivir algo igual desde entonces. Como por arte de magia, los siguientes proyectos fluyeron muchísimo más rápido. Evidentemente, las personas somos todas diferentes y a cada uno se le resistirá una cosa, pero tras esta experiencia, pienso que, sea cuál sea el caso y por norma general, no hay que desistir. 

Igualmente, aunque el principio fue duro, lo recuerdo como algo bonito en cuanto a crecimiento personal. Como equivocarse estaba permitido y lo veía como parte del proceso, fui capaz de no repetirme aquello de “si esto no has sabido hacerlo es porque no eres buena ilustradora, y, por consiguiente, la próxima vez tampoco sabrás”.

Ibamos avanzando. Tratar de mantenerme en positivo me ayudaba, y mucho. ¡Me lo pasaba bien!

9 | PRESENTACIÓN DEL PROYECTO

El cuento ya estaba casi hecho, me había esforzado mucho y, sinceramente, me gustaba bastante. Llegados a este punto, aunque sabía que era imposible que lo publicaran porque no era nada conocida dentro del mercado editorial, decidí que lo mandaría a editoriales que trabajaran el álbum ilustrado. Total, el “no” ya lo tenía.

En la oficina preparaba presentaciones de propuestas de imagen de marca día si día también.  La Superchef era otro proyecto más, pero este sabría defenderlo mejor que cualquier idea salida de la agencia porque, sencillamente, este tipo de trabajo me gustaba muchísimo más y estaba encantada con mi álbum ilustrado.

La presentación que hice era un PDF en el que, básicamente, vendía mi producto. Para ello procuré que el diseño fuera llamativo y el contenido claro y conciso. Tenía que contarles con pocas palabras por qué confiaba tanto en este proyecto (aparte de añadir mis datos y las características principales del cuento).

10 | ESTUDIO DE MERCADO.

Esta parte es muy interesante. Un estudio de mercado es un concepto que aprendí como diseñadora gráfica en las agencias en las que había trabajado. En resumen, y tal y como yo lo entiendo: estudia a tus clientes y a tu competidores. Busca las mejores referencias para no partir de 0 .

En nuestro caso no se trata de calcar aquello que esté triunfando, sino de coger ideas de aquí y de allá para transformarlas e integrarlas en tu propia propuesta. Es una forma de ampliar la cantidad de recursos con los que cuentas para generar obras originales.  Esto puede venir bien en cualquier parte del proceso, sobre todo, si te sientes bloqueado. Pero, sin duda, el estudio de mercado es imprescindible cuando se trata de elegir editoriales a las que enviar tu propuesta. Es importantísimo que las estudiéis bien y que tengáis un documento donde recopiléis toda la información que encontréis sobre ellas.

Yo, con mi poca idea sobre el asunto,  lo que hice fue visitar diferentes librerías, más de una vez, para ver dónde encajaría mejor mi Superchef. Haceos preguntas, poneos creativos durante estas visitas:

  • ¿Qué temas trata esta editorial? ¿Tienen algo en común todas sus publicaciones?
  •  ¿Qué libros suelen estar más a la vista y qué sellos editoriales están muy escondidos en las estanterías? ¿Por qué crees que es?
  • ¿Cuáles son los libros con más éxito entre los niños? ¿Qué reacciones tienen al verlos y cuál crees que es el motivo? Y los adultos, ¿qué libros prefieren para sus peques? (Intentad no parecer psicópatas al observar a la gente).

En mi caso fue bastante divertido convertirme en “Ali detective” ya que descubrí muchos artistas y trabajos increíbles; pero también fue una pasada todo lo que aprendí, simplemente, observando más detenidamente.

11 | CONTACTAR CON LAS EDITORIALES

Una vez tuve toda la información recopilada y bien organizada (direcciones y teléfonos incluidos. Los que aparecían en sus webs), hice lo que se llama “salir de tu zona de confort”. De por sí, no me gusta mucho hablar por teléfono. Pues bien, tenía que llamar a bastantes editoriales ante las cuales yo sabía que me sentiría muy chiquitita y, entonces, me temblaría la voz.

¡Hola! me llamo Alicia. Soy ilustradora y tengo un proyecto de álbum ilustrado. ¿Podría facilitarme el mail de la persona encargada de recibir los manuscritos? Os lo presento en un PDF bastante completo pero breve. No os llevará más de 1 minuto saber si os interesa saber algo más o no.

Más o menos, eso era lo que decía.  No sé si está bien o si está mal. Y, sí, decía “soy ilustradora…”.

Algunas editoriales me agradecieron la llamada, pero me dijeron que no aceptaban manuscritos. Hubo editoriales que sí me facilitaron un email. Otras me dijeron que los manuscritos se mandaban de manera física a la dirección que ponía en su web. Muchos de los emails fueron respondidos para decir que no estaban interesados o que tardaban de 3 a 6 meses en dar respuesta.  El caso es que todas las editoriales a las que me dirigí fueron bastante amables, tanto por teléfono como por email, por lo que a la 3ª llamada yo ya no tenía nada de vergüenza y me sentía feliz y en paz conmigo misma por estar intentándolo.

12 | FELIZ Y AGRADECIDA

En poco tiempo, dos de mis editoriales favoritas estuvieron interesadas, y yo , por un lado no podía creerlo, pero por otro sí; detrás de mi queridísima superchef había mucho trabajo y muchísimo amor: el mío y el de todas las personas que me ayudaron a confiar en mi misma. Así que este post se lo dedico ellas.

Gracias a La Superchef salieron otros trabajos, lo cual me permitió convertirme en ilustradora freelance a tiempo completo poco después de que el proyecto fuera aceptado. Todavía me queda mucho por aprender, pero este es el final de esta historia o, mejor dicho, el principio de la siguiente.

Sé que ha quedado un texto larguísimo, pero es que no quería omitir nada. Fue toda una montaña rusa.  Espero que os haya gustado y que, sobre todo, os aporte algo bueno y útil.

¡Hasta la próxima!

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6 comentarios

  1. Ay Alicia! Qué bien explicado y qué emoción al leerte! Gracias! Por incluirnos en tu viaje y por tu generosidad y bonita magia personal. Por cierto, le has dado una lección a mi S.I y un empujoncito a mis 28.a hehehe
    Un abrazo y todo lo mejor para ti
    Raquel

  2. ¡Me ha encantado! Yo también soy diseñadora gráfica pero tengo alma de ilustradora. Desde siempre me apasionan los libros ilustrados y mi sueño es ser ilustradora de libros infantiles.
    ¡Me has animado a seguir trabajando en ello! ¡Y felicidades por tan gran trabajo!
    Un abrazo

  3. Hola Alicia, me ha encantado leer tu experiencia! Me parece que has sido muy valiente por intentarlo y muy amable por compartirlo para que nos sea útil a los demás. Enhorabuena por tu trabajo 👏👏👏

  4. Me ha encantado el artículo, pero si a ti te parece tarde empezar a los 30… ¡uf, yo que quiero empezar casi a los 50!. Me alegro de tu éxito y espero que sea contagioso. Gracias por compartir

    1. 30, 40, 50,…¡cuando sea! creo que conseguirlo no es imposible y que depende en gran medida de nosotros mismos. Más allá del la edad que tengas, si te lo curras y después trabajas bien, ¿porque no ibas a poder? En mi historia pone que tenía 30 cuando me metí de lleno en esto de la ilustración editorial, pero me niego a pensar que a partir de los 40 no podré proponerme nuevas metas (tengan que ver con esto o no).

      Te animo a no desistir. Investiga, practica, formate en aquello que veas que todavía no dominas.
      Que la edad no te haga sentir insegura.

      Un abrazo, Rosa. 🙂

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